DY TENDENCIA: FOTOGRAFÍA ANÁLOGA
Hace apenas una década, hablar de cámaras de rollo sonaba a nostalgia de museo. Hoy, en cambio, basta caminar por cualquier mercado de segunda mano o revisar el feed de IG de alguna persona para toparse con una Canon AE-1, una Yashica o una Polaroid. La fotografía análoga volvió, y lo hizo con una fuerza que sorprende incluso a quienes crecimos viéndola desaparecer.
Vivimos rodeados de pantallas que nos entregan mil imágenes por minuto, editadas, filtradas y desechables. Frente a ese exceso, disparar en película ofrece algo que el mundo digital dejó de dar: espera.
Cada rollo tiene solo 24 o 36 oportunidades, y cada una cuenta. No hay manera de ver el resultado al instante, ni de borrar el error y repetir la toma. Esa limitación, que antes se vivía como incomodidad, hoy se busca como experiencia. Fotografiar así obliga a pensar antes de apretar el obturador, a mirar con más cuidado la luz, la composición, el instante. En un mundo que premia la velocidad, la lentitud se volvió un lujo.
“Las nuevas generaciones la adoptan como propia”
Lo curioso es que quienes más impulsan este regreso no son los fotógrafos que ya conocían el rollo, sino jóvenes que nunca lo usaron. Para ellos, la cámara análoga no es un objeto viejo, es un descubrimiento. Las redes sociales, irónicamente, han sido aliadas de esta tendencia: comunidades enteras comparten sus rollos revelados, intercambian tips sobre laboratorios y cámaras vintage, y convierten el proceso completo, comprar el rollo, disparar, esperar el revelado, ver las fotos, en un ritual que se disfruta paso a paso.
Más allá de la técnica, hay un factor visual innegable. La fotografía análoga tiene una textura, un grano y una calidez de color que ningún filtro digital termina de replicar del todo. Esa imperfección, los destellos de luz, las variaciones de tono, incluso los errores de exposición, se volvió parte del atractivo. En una época donde todo se ve pulido y editado, lo imperfecto se convirtió en símbolo de autenticidad.
La fotografía análoga no regresó como moda pasajera, sino como una manera distinta de relacionarnos con la imagen. Nos recuerda que crear también puede ser lento, que el error tiene valor y que no todo necesita mostrarse de inmediato. Tal vez por eso, después de años de considerarse cosa del pasado, hoy vuelve a ocupar un lugar central: no como reemplazo de lo digital, sino como su contraparte necesaria, la que nos invita a pausar, mirar y esperar.
Fotografías por: MAYTE GONZÁLES
IG: @MAYTEGLEZ33





























































































































































































































































































































